Wednesday, 12 October 2011

A pocos días del final de la aventura

Hoy es un día un poco triste porque me doy cuenta de que dentro de exactamente 5 días ya no estaré en este maravilloso archipiélago llamado Svalbard. Llega la hora de despedirse, preparar la maleta y atar los últimos cabos para que el resto del viaje por Noruega salga bien. 

A día de hoy ya tengo todo reservado: barco, avión, buses y trenes. Sólo hay un par de billetes que tendré que comprar sobre la marcha, pero es que también hay que dejar lugar a la improvisación un poco, no??Si todo sale bien este será el plan a seguir. El 17 voy en avión a Tromso para quedarme allí 3 días. Después voy en barco (Hurtigruten) hasta las Lofoten, un archipiélago de pequeñas islas de una gran belleza. Unos días después volveré a tierra firme para iniciar el descenso hacia la zona de fiordos (Bodo, Trondheim, etc.). Una vez allí me junto con mis papis y haremos un viaje por el sur de Noruega durante 8 días. Los detalles de esta parte del viaje ya están perfilados. Básicamente consiste en recorrer los fiordos más representativos del sur de Noruega y ver parte de los bosques que espero, nos ofrezcan una hermosa estampa ya que es Otoño. En total son unos 18 días recorriendo todo el país. Parece bastante tiempo, pero debo reconocer que a pesar de ello me voy a dejar muchos lugares por visitar, entre ellos el Cabo Norte. De todas formas creo que voy a aprovechar a tope el tiempo que tengo e intentaré ver lo más importante de cada lugar. 

Esta semana está siendo bastante ajetreada. Pretendo hacer una última excursión por el monte, si es posible. Además he organizado una cena de despedida que presumiblemente será el jueves. El viernes saldremos de fiesta, como siempre y el sábado toca disfrazarse porque es la Icebreaker Party, que es una fiesta organizada para celebrar que el "invierno" va a llegar pronto y para que la gente nueva que haya llegado los últimos días se hagan amigos nuevos. La cuestión es que hay que ir disfrazado de algo relacionado con la vida submarina. Yo aún estoy dándole vuelta a que disfraz escoger y como hacerlo, porque la verdad es que tampoco es que dispongamos de muchos medios (coser, por ejemplo, es tarea complicada sino imposible). Pero algo se improvisará...Estos dos últimos días me he dado cuenta de que me falta tiempo para limpiar mi cuarto y hacer la maleta así que he decidido sacrificar la fiesta del viernes para poder ir el sábado al Ice Breaker. No es una gran pérdida porque ya he ido a muchas fiestas los viernes...

Es importante destacar que aquí está llegando el invierno, como quien dice. Si, lo sé, os preguntareis como es posible que en Octubre ya esté hablando de invierno. Pero es que aquí todo va muy rápido. Hemos pasado de una media de 6ºC a una media de -5ºC en menos de dos semanas. Nieva cada 2 o 3 días por tanto todo está blanco y hay mucho hielo. Además las horas de luz se han acortado una barbaridad. A día de hoy comienza a anochecer hacia las 6 de la tarde, así que imaginaos...

Os dejo con unas bonitas imágenes de estos últimos días. Aunque no se aprecie bien el termómetro marca -4ºC.
















Bueno lo dejo aquí por el momento. Me parece que tan solo escribiré una entrada más antes de partir de este hermoso lugar, así que intentaré hacerla lo más amena posible. Aprovecho para deciros que en principio seguiré escribiendo durante mi viaje por Noruega aunque soy consciente de que no podré conectarme mucho así que igual más cosas cuando llegue a casa que durante el viaje.

Un polar saludo!

Aventura en Bjorndalen

Ya os comenté que hace unos días hicimos una excursión a una cabaña situada en un valle cercano al que nos encontramos. Pues bien, el fin de semana pasado volvimos a ir pero esta vez fui con mis mejores amigos. Faltaba alguno pero es que no podíamos ir todos porque no entrabamos en la cabaña (esto nos trajo algún que otro problema, pero bueno).

El plan inicial era salir hacia las 3 de la tarde con destino a Bjorndalen para llegar mas o menos a tiempo antes de que se hiciera de noche. Pero ahora comprobareis que ese plan nunca llegó a cumplirse. Esta es la historia de una odisea por el Ártico, no os la perdáis porque es casi digna de una novela de aventuras.



"Todo empezó un 30 de Septiembre de 2011, cuando una pandilla de 8 intrépidos estudiantes decidió juntarse para hacer una excursión de 3 días a la cabaña de Bjorndalen. Partieron desde el último edificio de la residencia en Nybyen. Debido al retraso de algunos de los componentes del grupo la salida se demoró una hora. Por tanto a las 16.00 hora local, el grupo (que en realidad no era mas que una avanzadilla, puesto que más gente se uniría a ellos en la cabaña al día siguiente) comenzó a andar por la morrena del glaciar de Longyear (Longyearbryen). 

El grupo nada mas comenzar la caminata hacia Bjorndalen
El primer objetivo era subir hasta la meseta siguiendo el cauce de un arroyo. A pesar de ser tan sólo el comienzo de la travesía, se trataba sin duda de la parte más exigente del recorrido junto con la bajada al valle de Bjorndalen. Tras varias pausas a mitad de camino, el grupo al completo se reunió en lo alto de la montaña desde donde pudieron disfrutar de una hermosa vista de la meseta, las montañas circundantes y el otro extremo de la isla de Spitsbergen. 




Lo primero que les sorprendió fue que todo el paisaje, absolutamente todo, estaba cubierto de una capa de nieve de considerable espesor. El cielo parecía estar esperándoles pues en aquel momento lució sus mejores galas combinando tonalidades dignas de un cuadro pintado con acuarelas: blanco nieve, gris tormenta y pastel. Lo más hermoso y llamativo era la disposición del paisaje: parecía haber dos capas (la nieve y el cielo) que casi llegaban a tocarse dejando un ligero espacio en que poder contemplar la hermosura de las montañas al otro lado de la isla.

Atardecer desde la meseta
Tras contemplar el idílico paisaje prosiguieron la marcha con el fin de perder el mínimo tiempo posible antes de iniciar el descenso hacia el valle que les conduciría a la cabaña donde iban a pasar la noche. Al poco tiempo tuvieron 2 encuentros inesperados a la par que emocionantes. Primero pudieron divisar un grupo de renos compuesto por unos 8 ejemplares (con el pelaje de invierno), que intentaban escarbar entre la nieve para encontrar algún alimento que llevarse a la boca. Posteriormente observaron como un helicóptero se les acercaba a gran velocidad y a escasa altura del suelo. Inicialmente algunos se asustaron pero finalmente vieron que se trataba de un vuelo de reconocimiento del helicóptero de Sysselmannen (la institución dedicada a velar por la seguridad en Svalbard y que están liderada por el gobernador de dicho archipiélago). 



Tras una larga caminata atravesando toda la meseta, se dispusieron a planear el descenso hacia el valle tras consultar un mapa, el cual habían llevado por si surgía algún imprevisto. Debido a la cantidad de nieve y al frío que acechaba la zona resultó que el camino de bajada era extremadamente peligroso porque se trataba de una pendiente muy pronunciada y con rocas sueltas en las que además había una fina capa de hielo que las convertía en una trampa resbaladiza. Visto el panorama y tras un intento inicial, el grupo se reunió y llegó a la conclusión de que era más seguro bordear aquel camino e intentar encontrar la carretera que conducía al camino de la costa. A todo esto, la noche estaba echándose encima ya y apenas se veían los unos a los otros.



Los aventureros comenzaron a acusar el cansancio de tan larga caminata. En realidad el problema no era que hubiesen andado mucha distancia, sino que llevaban demasiado peso en sus macutos ya que iban provistos de víveres y saco de dormir para sobrevivir las dos noches en la cabaña. Con los hombros muy doloridos y con la oscuridad haciendo acto de presencia, el camino parecía más duro de lo que habían previsto. Inicialmente la dirección que habían decidido seguir para encontrar la carretera era la costa. Pero resultó que tras media hora andando se encontraron frente al mar pero con un acantilado de 80% de desnivel entre medias. Lógicamente intentaron buscar una solución porque allí no había ninguna carretera. Alguien sugirió que debíamos retroceder nuestros pasos y preguntar en el edificio que teníamos a nuestra espalda: la estación internacional de satélites de Svalbard. Habían pasado junto a ella pero nadie había pensado en preguntar allí dónde podían encontrar la carretera. Se trata de un explanada situada en medio de la meseta en la cual hay varias antenas con forma esférica, algunos artilugios de medición y un par de edificios de oficinas. En resumen, era un lugar en medio del desierto ártico que parecía venir de otra galaxia (debido a la particular forma de los edificios). 





La cuestión es que durante la última hora ya se había hecho totalmente de noche y los jóvenes se encontraban bajo la luz de la luna y con la única ayuda de algunas linternas frontales que alguno de ellos afortunadamente había llevado. Finalmente 3 de ellos se acercaron al edificio central de la estación y allí les indicaron el camino a seguir. Tras unos pocos metros caminando encontraron dicha carretera y comenzaron el descenso. Según iban descendiendo se dieron cuenta de que aquella carretera les iba a hacer retroceder mucho, ya que terminaba en el aeropuerto de Longyearbyen, el cual está más cerca de Longyearbyen que de la cabaña. Esto dio pie a la reflexión para discernir si era mejor seguir caminando o volver a casa e intentarlo al día siguiente con la luz del día. Muchos de ellos cambiaron de opinión y a pesar de estar muy cansados se convencieron a sí mismos de que merecía la pena terminar el viaje que habían empezado hacía ya unas 6 horas. Finalmente 5 valientes y heroicos jovenzuelos decidieron apelar a la épica e intentar llegar a la cabaña esa misma noche. Los otros 3 optaron por la decisión más sensata, que consistía en volver a la residencia para descansar y volver al día siguiente.


Tras una larga noche tanto para unos como para otros, amaneció en Svalbard. Eso suponía que  el segundo grupo de aventureros debían salir de la ciudad a mediodía para encontrarse con el resto en la cabaña de Bjorndalen. Y así fue. Mientras los héroes se pasaban gran parte de la mañana recuperándose de la dolorosa caminata hasta la cabaña los demás iniciaron el camino hacia dicho lugar partiendo desde la urbe. Esta vez la ruta escogida fue más sencilla dadas las penurias que habían pasado el día anterior. El camino era prácticamente llano durante todo el recorrido y transcurría a lo largo de la costa. Resultó ser un paseo muy agradable a pesar de la gélida temperatura, que rondaba los 3 grados bajo cero. A mitad de camino se detuvieron junto al aeropuerto y se encontraron con un par de señales muy curiosas. En la primera de ellas aparecía un oso polar y en las otras dos aparecían muchos nombres de capitales mundiales apuntando en diferentes direcciones.






¿Hacia donde vamos?

Tras descansar un momento para almorzar siguieron el camino y comenzaron a divisar la costa más de cerca. La orilla del mar estaba llenas de piedras y algas pardas (al parecer uno de los integrantes de la expedición, que era biólogo, dijo que podía tratarse de alguna especie del género Laminaria, género muy común en todo el mundo). Lo hermoso de aquello era el sonido que generaban aquellas piedrecitas al ser movidas por las olas que rompían en la orilla. Era como un susurro pero con tono grave y a la vez relajante.


Algas pardas en la costa de Isfjorden

Para cuando quisieron darse cuenta ya habían llegado a Bjorndalen (que significa "valle de los osos"). Tras caminar por la playa llegaron a la cabaña, por fin. Descubrieron que no había nadie en el interior. Teniendo en cuenta de que el grupo de valientes que había llegado el día anterior tenía pensado hacer una pequeña excursión durante el mediodía, decidieron esperarles dentro de la cabaña. Reavivaron el fuego en las dos estufas de carbón de las que disponía en edificio ya que aunque aún daban calor el carbón estaba mas bien templado. Además, viendo que empezaba a anochecer, encendieron algunos candelabros y algunas velas para iluminar el interior de la cabaña. Al parecer muchos de los allí presentes eran aficionados a la guitarra, por tanto, uno de ellos sacó la guitarra de su funda. Una vez afinada la guitarra fue pasando de mano en mano dando lugar a sonidos muy variopintos pero creando una atmósfera muy agradable en su conjunto. Mientras tanto en el exterior el panorama era muy pintoresco, ya que todo el valle se encontraba envuelto en una atmósfera dominada por la niebla y la nieve. A los allí presentes les pareció que habían hecho un viaje en el tiempo hasta llegar a Diciembre, ya que tenían ante sí una clásica escena de navidad: velas, chimeneas, nieve, frío,...








Un tiempo después aparecieron los héroes del fin de semana, los aventureros que a pesar de haber llegado muy tarde y con un cansancio notable a la cabaña la noche anterior, habían sacado fuerzas para volver a ponerse las botas y recorrer el valle de Bjorndalen. Volvieron notablemente cansados pero alegres por la hazaña realizada. El resto de la tarde y la noche transcurrió en el salón de la cabaña. Todos los allí presentes  se encontraban muy juntitos para no quedarse fríos. Al igual que durante primera hora de la tarde, diversas melodías sonaron a través de una guitarra que pedía a gritos un descanso, de hecho una de las cuerdas estaba debatiéndose entre la vida o la muerte porque el excesivo uso había magullado parte del recubrimiento de la misma. Por fin, tras muchas horas de cotilleos, música y risas los jóvenes se dispusieron a dormir en sus sacos.


El mañana siguiente tenía como objetivo dejar la cabaña tal y como se la habían encontrado. Tras una labor en equipo impecable en la que fregaron platos, barrieron el suelo y recogieron todos los bártulos, salieron al exterior para fotografiar el instante en el que abandonaban la cabaña tras una agradable estancia durante todo el fin de semana. Este fue el resultado:



Durante el camino de vuelta aprovecharon la capa de nieve que se había depositado en el suelo para hacer una guerra de bolas de nieve e incluso hicieron un pequeño muñeco de nieve con forma de conejo. El resto del camino fue bastante ameno y sencillo puesto que volvieron por el camino sencillo. Lo único malo fue que la lluvia hizo acto de presencia durante la 2ª mitad de la caminata, lo cual no impidió, sin embargo, que se viesen escenas de gran belleza.







Tras tres horas y media de recorrido la expedición llegó a su destino: Longyearbyen. Había sido un fin de semana muy largo y duro pero habían sobrevivido a muchas penurias sin apenas sufrir rasguños. Desde entonces fueron llamados los héroes de Bjorndalen y 5 de ellos (los verdaderos héroes) recibieron una medalla conmemorativa."


                                                         -FIN-




Aquí termina el relato de una aventura que puede situarse al nivel de alguna de las historias que hayamos leído en alguna novela de aventuras o visto en alguna película. Espero que os haya gustado el toque épico que le he dado a la narración (o al menos lo he intentado). Este es el mapa del recorrido:

Cada color señala una de las rutas. La ruta real es la que yo y dos amigos más hicimos, volviendo a Longyearbyen a descansar. La ruta épica es la que hicieron mis otros amigos, caminando durante la noche para llegar a la cabaña. Por último, la ruta alternativa es la que hicimos el sábado a la ida y el domingo a la vuelta.

Por último os adjunto un mapa para que veáis un poco las distancias y los lugares por los que me he movido durante mi estancia aquí. En él se encuentran marcados 3 puntos estratégicos: la residencia donde vivo, la zona donde he estado trabajando estos meses y la cabaña (protagonista en esta entrada del blog).


Sunday, 9 October 2011

Últimos días de trabajo (parte3)

Hei, hei!!

Ya han pasado muchos días desde que empecé a escribir este nuevo apartado llamado "ultimos dias de trabajo". Pues bien, hoy lo voy a terminar porfin después de muchos días de retraso debido a la falta de tiempo y sobretodo a la pereza...Yo le añadiría este subtítulo a esta entrada: "lo bueno siempre se hace esperar".

En los últimos días de curro en el proyecto de ecología vegetal ha habido unos pocos cambios con respecto a la rutina habitual. Por un lado el trabajo de campo se ha reducido a un sólo día debido a que lo único que nos quedaba por medir era la fenología (dispersión de semillas básicamente) y dado el avanzado estado de la estación otoñal aquí pocas plantas seguían aún activas. Por el otro lado Philipp (mi supervisor) me pidió que le ayudase con un experimento que quería hacer en el laboratorio y yo le ayudé, por supuesto. Bueno, la verdad es que la ayuda más bien se convirtió en que yo hice el trabajo sucio, pero obviamente soy consciente de que yo soy como un becario en este caso, solo que un becario voluntario. Con lo cual no me importó mucho aunque la verdad es que los dos últimos días estaba ya bastante aburrido de tener que repetir el mismo experimento mil y una veces.

El trabajo de campo, como he mencionado brevemente, consistía únicamente en observar todos los puntos de muestreo y ver en cuales de ellos la dispersión de las semillas se estaba llevando a cabo ( si es que había empezado) o si ya había terminado. Era tarea sencilla pero cansina por que teníamos que mirar todos y cada uno de los cuadraditos que hay en la zona de estudio, que son un montón. De todos modos mi compi Bine es como flash y lo hace muy rápido con lo cual lo terminábamos en menos de 3 horas. Lo último que hicimos fue recoger semillas de Dryas octopetala y Luzula sp. para estudios de germinación.

El trabajo en el laboratorio consistía básicamente en separar raíces de muestras de tierra. Tenía que usar un tamiz/cedazo para filtrar cada una de las muestras de tierra ( que eran 30 en total). El procedimiento era ir desmenuzando los trozos de tierra con la mano con cuidado y depositando la tierra sobre el tamiz. Mientras tanto, si alguna raíz quedaba suelta la retiraba a un recipiente aparte para su posterior lavado. Y lo demás era cuestión de paciencia: agitar el tamiz con cuidado para ir separando la tierra de las raíces. Tenía su complicación porque en muchos casos la tierra estaba muy húmeda y costaba separar las raíces. Además he de confesar que si hubiera que hacer de forma perfecta sería un trabajo de chinos porque es casi imposible separar los pequeños fragmentos de raíz de la tierra por varios motivos: el escaso tamaño (os recuerdo que aquí las plantas son enanas), porque en el suelo hay muchas cosas que no son raíces pero podrían parecerlo,...Bueno, el caso es que una vez conseguido separar el máximo número de raíces posibles (lo hacía a ojo porque no había otra...) tenía que mezclar el suelo para homogenizarlo y después cogía una pequeña muestra del mismo en un cuenco de porcelana. Las raíces tenía que limpiarlas con agua para eliminar, en la medida de lo posible, toda la tierra ya que ésta alteraría los resultados obtenidos. Después de secarlas un poco las metía en un sobre y listo. Y así con las 30 muestras...Os puedo decir que trabajé una media de 7 horas en el laboratorio durante las dos semanas que estuve haciendo esta tarea, para que os hagais una idea del curro que era. Si no llega a ser porque escuchaba música mientras tanto me hubiera muerto del asco porque estaba en un mini-laboratorio aislado de todo el mundo, lo cual estaba bien porque nadie me distraía. Aún y todo en los momentos de máximo aburrimiento me dedicaba a hacer figuritas con la tierra. He aquí pruebas de lo anteriormente expuesto:








Casualmente, el último día de trabajo entró un grupo de gente al laboratorio mientras yo estaba trabajando. Venían a ver una de las salas de germinación que había en el laboratorio, las cuales se ulilizan para germinación de semillas para distintos experimentos. Pues bien, resulta que una de las chicas me preguntó amablemente en inglés si podía entrar y yo le dije que sí naturalmente, lo que yo no me esperaba es que 10 segundos después se iba a poner a hablar en castellano con el resto del grupo. Sí, era ella española y los demás también. Resulta que era una chica que ha estado haciendo el doctorado aquí y justamente lo ha terminado ahora. Exponía su tésis la semana siguiente y sus amigos habían venido a verla. Todos era andaluces, de Córdoba si no recuerdo mal. Con lo cual estuvimos un rato de charleta, como os podéis imaginar. Aparte de esto me los encontré en la tienda de segunda mano uno de los días que trabajé allí. Así que aunque sea casi al final de mi estancia aquí, he conseguido encontrarme con más paisanos, que en este caso además eran colega porque todos eran biólogos (eso sí, casi todos en paro, lo cual me recordó que cuando vuelva a Spain me encontraré un desolador panorama de nuevo...).




Bueno, aparte de todo esto y en parte relacionado, llegó el esperado momento de explicar que sucedió en el encuentro musical que tuve con mis amigos el pianista y la violinista. La verdad que fue una de las tardes más interesantes de todos estos meses. Fue un encuentro improvisado puesto que ellos si habían quedado para tocar pero yo no tenía ni idea de ello. Lo mejor fue el momento en el que yo bajé las escaleras de la uni después de un largo y duro día de trabajo y empecé a escuchar una melodía que parecía provenir de un instrumento que inequívocamente no provenía de un piano. Era Astrid con su violín y a su lado estaba Bermann acompañándola al piano. Estaban tocando música clásica, una danza húngara cuyo autor no recuerdo ahora mismo. Dentro de un rato pondré un vídeo para mostraros como sonaban. Aparte de verles ensayar hicimos una canción a 3 instrumentos que no quedó del todo mal: piano (Bermann), violín (Astrid) y voz (yo). La canción supongo que la conoceréis casi todos porque es un clásico de jazz: Summertime. No tengo ni fotos ni video de este momento pero estuvo muy bien. Una vez más me dí cuenta de que desde que dejé el coro mi voz a perdido muchísima calidad, se ve que he olvidado toda la técnica vocal que aprendí en 5 años...Peor al menos no desafiné, que es lo importante.

Por último os haré un resumen de acontecimientos que han sucedido y que me parecen interesantes. Por una parte, definitivamente he dejado de trabajar en Bruktikken (la tienda de segunda mano). En total he trabajado 14 horas durante 4 días. La verdad es que ha estado muy bien y salvo el último día no han sido días de mucho curro. El último día fue un absoluto caos porque con el paso del tiempo la tienda está llena de cosas y no entra casi nada más. Esto ocurre porque hay demasiadas cosas inservibles y entran más cosas de las que salen. Por eso creo que a partir de ahora van a dedicarle un tiempo a revisar que es útil y que no para evitar acumular "basura". Además de intentar ordenar un poco aquello (cosa  que no conseguí ni de lejos) llegaron una barbaridad de bolsas con cosas nuevas con lo cual me volví loco para inventariar todo lo nuevo, ordenar lo que ya había y atender a la gente al mismo tiempo. Todo esto en un mini-espacio porque me vi rodeado por bolsas en cuestión de 2 horas...pero sobreviví, que es lo importante. Me voy muy satisfecho con el trabajo realizado y contento por la experiencia vivida.

Otro suceso importante es que hace unos días me rompí un diente. Sí, dicho así suena terrible pero en realidad no es para tanto. Sólo tengo roto un pequeño fragmento de mi incisivo superior izquierdo y apenas se nota. La pregunta obvia es: ¿que leches estabas haciendo para romperte un diente? Y la respuesta es bien sencilla: fue fruto de la mala suerte y la casualidad. Ocurrió un viernes que estábamos de fiesta en uno de los edificios de la resi. Estábamos un montón de gente en la cocina-salón bailando al ritmo de la música que ponía un improvisado DJ canadiense. Todo iba genial hasta que poco antes de irnos de allí para ir a la discoteca (Huset) empezamos a saltar y hacer el tonto sobre unos sillones. La verdad es que durante los saltos no pasó nada, el problema fue que al bajar del sillón salté al suelo (de forma normal, para nada alocada) con tan mala suerte que un amigo mío que estaba por ahí se movió y quedo posicionado justo frente a mí. Tenía una botella en la mano, frente a la cual mi boca impactó de lleno. ¿Resultado?Pues un diente roto, aunque en el momento ni lo noté pero fui al baño a mirar y lo ví. Tuve muchísima suerte porque en realidad fueron mis labios los que impactaron contra la botella con lo cual amortiguaron el golpe. Sino estaríamos hablando de algo muy serio y ahora no me estaría riendo de la anécdota.

Para concluir os diré que llevo ya unos días planeando mi viaje por Noruega el cual empezará en cuanto me vaya de aquí (17 de Octubre). A día de hoy todo está ya casi planificado así que solo falta disfrutar los últimos días en Svalbard.