Continúa el relato de mis peripecias por Svalbard. Como os comenté hace un par de días aún me quedan varias cosas por contar de lo sucedido estos últimos 15 días.
Hoy os contaré la excursión que hicimos hace dos fines de semana y que casualmente volveremos a repetir este fin de semana, si el tiempo acompaña. Fuimos a pasar la noche a una cabaña situada en un valle paralelo al que me encuentro ahora (Bjorndalen), el cual está situado a unos 10 km. Me junté con gente que no conocía mucho pero después de la experiencia me alegro de haber ido con ellos porque son muy buena gente y me lo pasé mucho mejor de lo esperado.
Salimos el sábado a media mañana y fuimos ascendiendo por el cauce de un arroyo hasta la parte alta de las montañas que rodean el valle de Longyear. Una vez allí recorrimos toda la meseta, la cual estaba blanca a causa de que en los días anteriores había estado nevando bastante. En Longyearbyen no ha nevado aún pero en las montañas, que son unos 200 m más altas, sí que lo hizo. Tuvimos mucha suerte porque esa semana fue horrorosa meteorológicamente hablando pero el finde fue maravilloso. Bueno, la cuestión es que en la gran meseta vimos escenas de una gran belleza, como las que os muestro a continuación. Debo añadir que tuve un incidente al bajar desde la mesta hasta Bjordalen. Resulta que escogimos un camino más largo porque teníamos mucho tiempo hasta el anochecer pero escogimos fatal porque era un descenso muy duro por las típicas montañas de laderas llenas de rocas fragmentadas. Es muy complicado andar por ese tipo de terrenos porque son muy empinados y encima no te puedes fiar prácticamente de ninguna roca porque casi todas están sueltas. La cuestión es que una vez descendida la primera parte, llegamos a un minivalle donde había hielo en medio. Debido a que no nos fiabamos mucho del hielo (parecía resbaladizo) optamos por bordearlo caminando entre rocas. Yo a pesar de caminar con mucho cuidado, pisé una roca suelta justo en el borde del hielo con tan mala suerte que caí de costado y me deslizé por el hielo unos 4 metros. Tuve suerte de que pude frenarme con los pies porque aunque no habia mucha inclinación, si llego a coger velocidad a ver como paro luego sin estrellarme con las rocas...Por tanto, el incidente fue gracioso porque fue como deslizarse por un tobogán de hielo. No me pasó absolutamente nada (ni un rasguño) así que se quedó en una mera anécdota. Lástima que nadie lo grabara porque hubiera sido digno de ver...jeje!
Llegamos un poco cansados pero justo a tiempo para ver el anochecer, que fue hermoso a pesar del frío que hacía estuvimos durante una hora fuera y luego entramos en la cabaña. Eché un vistazo general a la cabaña por dentro y he de admitir que me sorprendió muchísimo. Era muy bonita, toda hecha de madera y bastante bien cuidada, además había todo tipo de artilugios de cocina y hasta una chimenea pequeña. Luego se hizo de noche, aunque no del todo hasta bien entrada la madrugada. Digo esto porque a diferencia de Longyearbyen, donde se hace totalmente de noche, en Bjorndalen aún después del anochecer se sigue viendo un poco la luz del sol tras las montañas. Esto se debe a que es un valle un poco más amplio y las montañas del otro extremo de la costa están muy lejos, con lo cual hay menos obstáculos que se interponen en el camino de la luz.
Por lo noche estuvimos haciendo un poco el tonto con una guitarra, unos tragos y nuestra imaginación. Esto dió lugar a 4 poemas cada cual más filosófico y profundo, excepto el último que la verdad es que no tenía ni pies ni cabeza. Los escribimos entre tres personas y cada uno iba dedicado a un aspecto distinto: la luz, la oscuridad, la soledad,...Básicamente inspirados en lo que nos sugería el lugar en el que nos encontrábamos. Luego incluso intentamos cantarlos a ritmo de blues, lo cual no quedó mal del todo. Además yo era el que escribía siempre la primera frase en cada uno de los poemas, porque al parecer era el que más se inspiraba. Con lo cual otra faceta mía que descubro: escribir poemas en inglés...jajaja!! Un detalle: no estuvimos solos en la cabaña, había 5 chavales suecos pasando la noche allí también, lo cual hizo aún más amena la velada.
Al día siguiente hicimos un desayuno suculento y variado. Además probé el "porridge" que según el traductor de google significa gachas de avena. La verdad es que básicamente era una papilla densa de cereales, pero lo acompañamos con azucar y canela y he de admitir que estaba rico. Lo interesante del desayuno fué que hicimos fuego fuera de la cabaña para aprovechar el buen tiempo que hacía.
Por último, tras reposar el desayuno recogimos las cosas y nos fuimos de vuelta para Longyearbyen porque al día siguiente era lunes y tocaba currar. Tanto a la ida como a la vuelta pasamos muy cerca de lo que yo llamo "los huevos de la NASA". He aquí una fotografía bastante cercana al observatorio que explica por sí sola el apodo.
Bueno, esto es todo por hoy. Espero que os haya gustado el relato. Mañana o pasado escribiré más historias y os puedo asegurar que son bastante interesantes, alguna incluso surrealista.
