Wednesday, 12 October 2011

Aventura en Bjorndalen

Ya os comenté que hace unos días hicimos una excursión a una cabaña situada en un valle cercano al que nos encontramos. Pues bien, el fin de semana pasado volvimos a ir pero esta vez fui con mis mejores amigos. Faltaba alguno pero es que no podíamos ir todos porque no entrabamos en la cabaña (esto nos trajo algún que otro problema, pero bueno).

El plan inicial era salir hacia las 3 de la tarde con destino a Bjorndalen para llegar mas o menos a tiempo antes de que se hiciera de noche. Pero ahora comprobareis que ese plan nunca llegó a cumplirse. Esta es la historia de una odisea por el Ártico, no os la perdáis porque es casi digna de una novela de aventuras.



"Todo empezó un 30 de Septiembre de 2011, cuando una pandilla de 8 intrépidos estudiantes decidió juntarse para hacer una excursión de 3 días a la cabaña de Bjorndalen. Partieron desde el último edificio de la residencia en Nybyen. Debido al retraso de algunos de los componentes del grupo la salida se demoró una hora. Por tanto a las 16.00 hora local, el grupo (que en realidad no era mas que una avanzadilla, puesto que más gente se uniría a ellos en la cabaña al día siguiente) comenzó a andar por la morrena del glaciar de Longyear (Longyearbryen). 

El grupo nada mas comenzar la caminata hacia Bjorndalen
El primer objetivo era subir hasta la meseta siguiendo el cauce de un arroyo. A pesar de ser tan sólo el comienzo de la travesía, se trataba sin duda de la parte más exigente del recorrido junto con la bajada al valle de Bjorndalen. Tras varias pausas a mitad de camino, el grupo al completo se reunió en lo alto de la montaña desde donde pudieron disfrutar de una hermosa vista de la meseta, las montañas circundantes y el otro extremo de la isla de Spitsbergen. 




Lo primero que les sorprendió fue que todo el paisaje, absolutamente todo, estaba cubierto de una capa de nieve de considerable espesor. El cielo parecía estar esperándoles pues en aquel momento lució sus mejores galas combinando tonalidades dignas de un cuadro pintado con acuarelas: blanco nieve, gris tormenta y pastel. Lo más hermoso y llamativo era la disposición del paisaje: parecía haber dos capas (la nieve y el cielo) que casi llegaban a tocarse dejando un ligero espacio en que poder contemplar la hermosura de las montañas al otro lado de la isla.

Atardecer desde la meseta
Tras contemplar el idílico paisaje prosiguieron la marcha con el fin de perder el mínimo tiempo posible antes de iniciar el descenso hacia el valle que les conduciría a la cabaña donde iban a pasar la noche. Al poco tiempo tuvieron 2 encuentros inesperados a la par que emocionantes. Primero pudieron divisar un grupo de renos compuesto por unos 8 ejemplares (con el pelaje de invierno), que intentaban escarbar entre la nieve para encontrar algún alimento que llevarse a la boca. Posteriormente observaron como un helicóptero se les acercaba a gran velocidad y a escasa altura del suelo. Inicialmente algunos se asustaron pero finalmente vieron que se trataba de un vuelo de reconocimiento del helicóptero de Sysselmannen (la institución dedicada a velar por la seguridad en Svalbard y que están liderada por el gobernador de dicho archipiélago). 



Tras una larga caminata atravesando toda la meseta, se dispusieron a planear el descenso hacia el valle tras consultar un mapa, el cual habían llevado por si surgía algún imprevisto. Debido a la cantidad de nieve y al frío que acechaba la zona resultó que el camino de bajada era extremadamente peligroso porque se trataba de una pendiente muy pronunciada y con rocas sueltas en las que además había una fina capa de hielo que las convertía en una trampa resbaladiza. Visto el panorama y tras un intento inicial, el grupo se reunió y llegó a la conclusión de que era más seguro bordear aquel camino e intentar encontrar la carretera que conducía al camino de la costa. A todo esto, la noche estaba echándose encima ya y apenas se veían los unos a los otros.



Los aventureros comenzaron a acusar el cansancio de tan larga caminata. En realidad el problema no era que hubiesen andado mucha distancia, sino que llevaban demasiado peso en sus macutos ya que iban provistos de víveres y saco de dormir para sobrevivir las dos noches en la cabaña. Con los hombros muy doloridos y con la oscuridad haciendo acto de presencia, el camino parecía más duro de lo que habían previsto. Inicialmente la dirección que habían decidido seguir para encontrar la carretera era la costa. Pero resultó que tras media hora andando se encontraron frente al mar pero con un acantilado de 80% de desnivel entre medias. Lógicamente intentaron buscar una solución porque allí no había ninguna carretera. Alguien sugirió que debíamos retroceder nuestros pasos y preguntar en el edificio que teníamos a nuestra espalda: la estación internacional de satélites de Svalbard. Habían pasado junto a ella pero nadie había pensado en preguntar allí dónde podían encontrar la carretera. Se trata de un explanada situada en medio de la meseta en la cual hay varias antenas con forma esférica, algunos artilugios de medición y un par de edificios de oficinas. En resumen, era un lugar en medio del desierto ártico que parecía venir de otra galaxia (debido a la particular forma de los edificios). 





La cuestión es que durante la última hora ya se había hecho totalmente de noche y los jóvenes se encontraban bajo la luz de la luna y con la única ayuda de algunas linternas frontales que alguno de ellos afortunadamente había llevado. Finalmente 3 de ellos se acercaron al edificio central de la estación y allí les indicaron el camino a seguir. Tras unos pocos metros caminando encontraron dicha carretera y comenzaron el descenso. Según iban descendiendo se dieron cuenta de que aquella carretera les iba a hacer retroceder mucho, ya que terminaba en el aeropuerto de Longyearbyen, el cual está más cerca de Longyearbyen que de la cabaña. Esto dio pie a la reflexión para discernir si era mejor seguir caminando o volver a casa e intentarlo al día siguiente con la luz del día. Muchos de ellos cambiaron de opinión y a pesar de estar muy cansados se convencieron a sí mismos de que merecía la pena terminar el viaje que habían empezado hacía ya unas 6 horas. Finalmente 5 valientes y heroicos jovenzuelos decidieron apelar a la épica e intentar llegar a la cabaña esa misma noche. Los otros 3 optaron por la decisión más sensata, que consistía en volver a la residencia para descansar y volver al día siguiente.


Tras una larga noche tanto para unos como para otros, amaneció en Svalbard. Eso suponía que  el segundo grupo de aventureros debían salir de la ciudad a mediodía para encontrarse con el resto en la cabaña de Bjorndalen. Y así fue. Mientras los héroes se pasaban gran parte de la mañana recuperándose de la dolorosa caminata hasta la cabaña los demás iniciaron el camino hacia dicho lugar partiendo desde la urbe. Esta vez la ruta escogida fue más sencilla dadas las penurias que habían pasado el día anterior. El camino era prácticamente llano durante todo el recorrido y transcurría a lo largo de la costa. Resultó ser un paseo muy agradable a pesar de la gélida temperatura, que rondaba los 3 grados bajo cero. A mitad de camino se detuvieron junto al aeropuerto y se encontraron con un par de señales muy curiosas. En la primera de ellas aparecía un oso polar y en las otras dos aparecían muchos nombres de capitales mundiales apuntando en diferentes direcciones.






¿Hacia donde vamos?

Tras descansar un momento para almorzar siguieron el camino y comenzaron a divisar la costa más de cerca. La orilla del mar estaba llenas de piedras y algas pardas (al parecer uno de los integrantes de la expedición, que era biólogo, dijo que podía tratarse de alguna especie del género Laminaria, género muy común en todo el mundo). Lo hermoso de aquello era el sonido que generaban aquellas piedrecitas al ser movidas por las olas que rompían en la orilla. Era como un susurro pero con tono grave y a la vez relajante.


Algas pardas en la costa de Isfjorden

Para cuando quisieron darse cuenta ya habían llegado a Bjorndalen (que significa "valle de los osos"). Tras caminar por la playa llegaron a la cabaña, por fin. Descubrieron que no había nadie en el interior. Teniendo en cuenta de que el grupo de valientes que había llegado el día anterior tenía pensado hacer una pequeña excursión durante el mediodía, decidieron esperarles dentro de la cabaña. Reavivaron el fuego en las dos estufas de carbón de las que disponía en edificio ya que aunque aún daban calor el carbón estaba mas bien templado. Además, viendo que empezaba a anochecer, encendieron algunos candelabros y algunas velas para iluminar el interior de la cabaña. Al parecer muchos de los allí presentes eran aficionados a la guitarra, por tanto, uno de ellos sacó la guitarra de su funda. Una vez afinada la guitarra fue pasando de mano en mano dando lugar a sonidos muy variopintos pero creando una atmósfera muy agradable en su conjunto. Mientras tanto en el exterior el panorama era muy pintoresco, ya que todo el valle se encontraba envuelto en una atmósfera dominada por la niebla y la nieve. A los allí presentes les pareció que habían hecho un viaje en el tiempo hasta llegar a Diciembre, ya que tenían ante sí una clásica escena de navidad: velas, chimeneas, nieve, frío,...








Un tiempo después aparecieron los héroes del fin de semana, los aventureros que a pesar de haber llegado muy tarde y con un cansancio notable a la cabaña la noche anterior, habían sacado fuerzas para volver a ponerse las botas y recorrer el valle de Bjorndalen. Volvieron notablemente cansados pero alegres por la hazaña realizada. El resto de la tarde y la noche transcurrió en el salón de la cabaña. Todos los allí presentes  se encontraban muy juntitos para no quedarse fríos. Al igual que durante primera hora de la tarde, diversas melodías sonaron a través de una guitarra que pedía a gritos un descanso, de hecho una de las cuerdas estaba debatiéndose entre la vida o la muerte porque el excesivo uso había magullado parte del recubrimiento de la misma. Por fin, tras muchas horas de cotilleos, música y risas los jóvenes se dispusieron a dormir en sus sacos.


El mañana siguiente tenía como objetivo dejar la cabaña tal y como se la habían encontrado. Tras una labor en equipo impecable en la que fregaron platos, barrieron el suelo y recogieron todos los bártulos, salieron al exterior para fotografiar el instante en el que abandonaban la cabaña tras una agradable estancia durante todo el fin de semana. Este fue el resultado:



Durante el camino de vuelta aprovecharon la capa de nieve que se había depositado en el suelo para hacer una guerra de bolas de nieve e incluso hicieron un pequeño muñeco de nieve con forma de conejo. El resto del camino fue bastante ameno y sencillo puesto que volvieron por el camino sencillo. Lo único malo fue que la lluvia hizo acto de presencia durante la 2ª mitad de la caminata, lo cual no impidió, sin embargo, que se viesen escenas de gran belleza.







Tras tres horas y media de recorrido la expedición llegó a su destino: Longyearbyen. Había sido un fin de semana muy largo y duro pero habían sobrevivido a muchas penurias sin apenas sufrir rasguños. Desde entonces fueron llamados los héroes de Bjorndalen y 5 de ellos (los verdaderos héroes) recibieron una medalla conmemorativa."


                                                         -FIN-




Aquí termina el relato de una aventura que puede situarse al nivel de alguna de las historias que hayamos leído en alguna novela de aventuras o visto en alguna película. Espero que os haya gustado el toque épico que le he dado a la narración (o al menos lo he intentado). Este es el mapa del recorrido:

Cada color señala una de las rutas. La ruta real es la que yo y dos amigos más hicimos, volviendo a Longyearbyen a descansar. La ruta épica es la que hicieron mis otros amigos, caminando durante la noche para llegar a la cabaña. Por último, la ruta alternativa es la que hicimos el sábado a la ida y el domingo a la vuelta.

Por último os adjunto un mapa para que veáis un poco las distancias y los lugares por los que me he movido durante mi estancia aquí. En él se encuentran marcados 3 puntos estratégicos: la residencia donde vivo, la zona donde he estado trabajando estos meses y la cabaña (protagonista en esta entrada del blog).


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